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La Pista de Hielo

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Jueves, 09 de marzo de 2006

Atracadores de la Avenida Libertador de Caracas

A veces creemos saber, falso ni siquiera lo imaginamos…

Señores empezar a narrar será cosa triste, 7 jóvenes entre hombres y mujeres, se montaron como pasajeros en un colectivo de la ruta Petare la Pastora y en el camino se transformaron en atracadores que despojaron a los pasajeros, entre ellos yo, de las pocas pertenecías que poseían.

Las 3 mujeres que no pasaban de los 25 años (podría afirmar que eran más jóvenes), revisaban a los pasajeros y le repetían: cállate maldita a una chica que entró en crisis al ver que secuestraron el colectivo en plena vía y pleno tráfico por la hora pico, sinceramente de las 3 no percibí ni un simple símbolo de pobreza, enfermedad o hambre, era triste escuchar como una decía que si la metían presa, se iba con gusto porque iba a matar (en realidad dijo que se tiraba) a mínimo dos de los pasajeros que se encontraban presentes, otra más pequeña y morena decía que le iba a pegar un tiro al que revisara y no tuviera nada, la ultima y más desagradable para mi, jugaba a ser la buena, pues le decía a las personas: "quédate tranquilito para que no te pase nada".

Los 4 hombres, tenían armas que les colocaban en la cabeza a las personas mientras las saqueaban, sin dejar de repetir que éramos unas mierdas, unos malditos, y que entregáramos todo lo que teníamos, incluso uno de ellos llego a manifestar lo "estresado" que estaba y que cuidado se hacia alguna seña a los carros vecinos, pues no sabía que pasaría con su estado nervioso y que tenía ganas de matar a alguien.

Otro más, afirmó que el era "Malandro" y que un policía le disparó en la columna y no lo mató, ni lo dejó invalido y el policía ahora esta muerto y reía, risa que en realidad daba asco.

Otro tenía al conductor del colectivo apuntándole con su arma y dirigiendo la ruta a seguir, mientras se escuchaba a uno que decía que no lo miraran a la cara, y amenazaba a la una señora diciendo: “que es lo que me miras perra”.

El cuarto se fijó en un bolso de tela sin valor que tengo en donde sólo viajan libros y papeles, me ordeno entregárselo, y yo me negué, no sé que pasó por mi cabeza, pero le dije que no, el delincuente apunto su pistola a mi cabeza, y me dijo retirándola y colocándola en la sien de un hombre de unos 33 años que iba sentado a mi lado, que si no se lo daba, lo mataría a él, el hombre que iba sentado a mi lado dijo: entrégaselo y quédate quieta, así fue como entendí que quien viajaba a mi lado, era un policía.

Para los delincuentes todo estaba listo, era necesario dejar el colectivo, la cola lo impedía, no sé cuantas veces recé para que avanzara más rápido, de pronto llegué a dudar que una oración en ese momento hiciera algo por alguno de nosotros, sólo podía esperar y percibir sus caras de odio, sus voces de odio y su risa por el botín, no dejaba de preguntarme cosas, la cabeza me iba a estallar tratando de entender aquella situación y no obtuve respuestas, el policía que iba a mi lado miraba fijo al piso, nada más.

Al fin se bajaron y lo que quedo dentro del colectivo fue desolación y tristeza, rabia, llantos, yo no dejé de pensar en lo cansada que estaba de todo esto, cansada de ver como un país se hunde en la miseria, en la ignorancia, en la desfachatez, como hay personas deformes y sin ningún tipo de respeto hacia nada, no hay estado, seguridad, valores, como estuve a punto de ver morir a un hombre, porque si lo revisaban y le encontraban el arma de reglamento, esta nota no existiría hoy, así de sencillo.

Entre el llanto hubo un optimista que dijo que ese robo era un impuesto más, que pagaba en este país y que se alegraba de estar vivo, El policía me dijo que lo mejor era que no había pasado nada grave, más que una perdida material, no le respondí, me baje en donde siempre para ver más de lo mismo basura, indigentes, venta de drogas.

Esto pasa a diario y mientras no nos afecte hasta lo legitimamos, como mi prima que cuando la llamé para contarle lo sucedido me dijo que al salir de la universidad debía tomar otra ruta para llegar a mi casa porque en esa, roban mucho…

Al final entendí sólo una cosa, yo no quiero vivir más en este país.

Siento que me robaron muchas cosas que no me fueron fáciles de obtener: mi cariño por la ciudad, mi confianza en la naturaleza buena de la humanidad, mi posición acerca de la pena de muerte, mi esquema de igualdad, mi idea de que venezuela algun dia será mejor....

Si los atracadores revenden lo robado, quizas les no paguen mucho, lo que me robaron no vale nada... pues ser iluso no paga.

Por: Ild | En la mira | Comentarios (0) | Referencias (1)

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Periodismo de Paz ECS-UCV | 2006-03-11 18:28:36
[...] Así estamos. El jueves le tocó a Ild. Aquí su cuento. (ild, no sé por qué pedirte diculpas, pero vaya este abrazo) 0 comentarios @ 0trackbacks Trackbacks Trackback URL para este post Comentaron en PdP [...]

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